Como docentes, maestros o profesores, tenemos que ejercer nuestra profesión desde dos puntos de vista: la vocación y la profesión.
La vocación es la inclinación que tiene una persona por una actividad determinada, ya sea profesional o no. Es importante tener vocación por la docencia de modo que nos guste, nos estimule y nos satisfaga llegar al aula e impartir conocimientos a nuestros alumnos. Que los alumnos aprendan es el fin de todo el profesorado y es en lo que debemos trabajar.
La profesión es el empleo que ejercemos. Para que nuestros alumnos aprendan debemos ser profesionales de la enseñanza y eso lo conseguimos mediante la autoformación como docentes. Primero con la formación universitaria pertinente (grado de magisterio, licenciatura, máster del profesorado, etc.) que nos da las capacidad y nos cualifica para impartir una materia con seguridad y de forma pedagógica, y también mediante formación no reglada (con diferentes cursos de formación, congresos, conferencias) o la propia experiencia (con prácticas, experiencia laboral) que nos completarán como docentes en otros ámbitos como el uso de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), idiomas, nuevos modelos educativos, nuevas estrategias de enseñanza, etc.
De este modo, hay una línea muy fina entre la vocación y la profesión. Es necesario tener vocación para llevar de la mejor manera nuestra profesión docente, y necesitamos de una profesionalización para encauzar esa vocación.

